Un koan de Domingo

El koan que os voy a analizar ahora, se llama "La edad de Ta-tien". Este dice así:

"Han-t'ui-chih le preguntó a Ta-tien, que tenía un monasterio en el lugar del exilio: ¿Cuántos años tienes?
Ta-tien sacó su rosario y dijo: "¿Entiendes?".
Han-t'ui-chih dijo: "No, no lo entiendo".
Ta-tien respondió: "Durante el día tiene ciento ocho cuentas y, por la noche, tiene también ciento ocho".
Han-t'ui-chih estaba muy disgustado por no haber entendido a este viejo monje y se marchó a casa.
En casa, su mujer le preguntó: "¿Qué te ha disgustado tanto?".
Entonces, el sabio le contó a su mujer lo que había ocurrido.
"¿Por qué no volver al monasterio y preguntarle al viejo monje qué quería decir?", le sugirió su mujer.
Al día siguiente, por la mañana temprano, el sabio confuciano fue al monasterio y se encontró con el monje superior en la puerta.
"¿Por qué estás aquí tan pronto?", preguntó el monje superior.
"Me gustaría ver a tu maestro y hacerle una pregunta", le respondió Han-t'ui-chih.
"¿Qué quieres de él?", le preguntó el monje superior y el confuciano repitió su historia.
"¿Por qué no me preguntas a mí?", le dijo el monje superior.
Han-t'ui-chih le preguntó entonces: ¿Qué significa "ochocientas cuentas por el día y ochocientas cuentas por la noche?".
El monje superior hizo castañear los dientes tres veces.
Finalmente, Han-t'ui-chih vio a Ta-tien y, una vez más le hizo la pregunta, a lo que el maestro respondió haciendo castañear los dientes tres veces.
"Ya lo sé", dijo el confuciano, "Todo el budismo es igual".
"No digas eso", respondió Ta-tien.
"Sí", dijo Han-t'ui-chih, "hace un momento me encontré con el monje superior en la puerta y le pregunté la misma pregunta y él me contestó de la misma manera".
Ta-tien llamó al monje superior y le dijo: "Tengo entendido que le hiciste una demostración de budismo hace un momento, ¿es verdad?".
"Sí", respondió el monje superior.
Ta-tien golpeó al monje superior e, inmediatamente, lo expulsó del monasterio.
"

Este koan, es uno de los más difíciles que os podáis encontrar hasta el momento, ya que habla de que el anciano monje tenía tres lecciones importantes en esta vida:

1)  La indeterminación de su edad o conocimiento con el rosario de 108.
2)  La no proliferación de ilusiones de "ser" con el castañeteo de dientes.
3)  La no amistad con nadie o "no-ser", el cual es símbolo de su valor interior.

El confuciano es el que inventó la confusión (como bien se podría decir en Granada), ya que su exceso de fidelidad y preocupación por las fuentes lo lleva a meterse en un lío como el que tendrá después con el emperador por revelar las fuente de su saber.

El rector es el ejemplo a seguir, mente en abstracto o no "samsara", ya que su contestación al viejo maestro con un "sí", se revela como un hombre cargado de conocimientos, no susceptible de las enseñanzas y el "dharma" del zen.

Espero que tengáis un buen día.

Comentarios