Un poema mío al final del día

A última hora te encuentro, hermana,
sumida en el trance de la mañana;
si la ventana que cierras te aplatana,
prueba el dulce sonido que relaja.

No hay nada mejor que el arrullo

del incesante arroyo del murmullo,
que si no tienes nada te ambrullo,
que el que todo perdona es tuyo,

puesto que no presto atardecer negado,
para este humilde seguidor cegado
de lo que bien sabemos no postergado;
en mi humilde habitación desenfrenada.

Para dar la palabra, pues, humilde,
a este Señor, que es el que decide,
prueba a regalarle un tal escinde
Del ordenador a la presencia viva.

Julio Ocón López.- "Luces del alba en el ordenador."

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