Dedicado a Estados Unidos (un país que me ha dado grandes momentos)

A los peligros que pueden correr las democracias comerciales, como la americana, dedicó páginas extraordinarias Alexis de Tocqueville en su famoso ensayo "La democracia en América" (1835-1840). En este lúcido y brillante informe sobre la vida social y política estadounidense, el joven magistrado francés identifica con gran previsión los riesgos que amenazan a las sociedades enteramente entregadas al negocio y el beneficio:
En un gran número de hombres encontramos un afán egoísta, mercantil e industrial por los descubrimientos del espíritu, que no hay que confundir con la pasión desinteresada que pretende en el corazón de unos pocos, hay un deseo de utilizar los conocimientos y hay un deseo puro de conocer.

Precisamente "la ausencia de lo superfluo" y "los constantes esfuerzos a los que todos" se entregan para alcanzar el bienestar hacen "predominar el corazón del hombre el amor a lo útil sobre el amor a lo bello". En una sociedad utilitarista, los hombres acaban amando las "bellezas fáciles" ("beautés faciles") que no requieren esfuerzos, ni excesivas pérdidas de tiempo ("Les gustan los libros que consiguen con facilidad, que se leen deprisa, que no exigen un detenido estudio para ser comprendidos"):
A unos espíritus así dispuestos, todo método nuevo que lleve más rápidamente a la riqueza, toda máquina que abrevie el trabajo, todo instrumento que disminuya los gastos de producción, todo descubrimiento que facilite los placeres y los aumente, les parecerá el más magnifico logro de la inteligencia humana. Es ese principalmente el aspecto de las ciencias al que los pueblos democráticos se entregan, y por el que las comprenden y las honran.

A Tocqueville le parece inevitable que en una "una sociedad organizada de este modo, el espíritu humano se vea insensible llevado a descuidar la teoría". En Estados Unidos, en efecto, "no hay casi nadie que se dedique a la parte esencialmente teórica y abstracta de los conocimientos humanos, mostrando en esto la exageración de una tendencia que, creo yo, ha de hallarse, aunque en menor grado, en todos los pueblos democráticos". El impulso de lo útil y el envilecimiento de las actividades del espíritu podría tener como efecto que los hombres se deslicen hacia la barbarie: "Si hay pueblos que se dejan arrancar la luz de las manos, también hay otros que la sofocan ellos mismos con los pies". Esta es la razón por la que "nutrirse principalmente con las obras de la Antigüedad" es "una medida saludable". Tocqueville no piensa, por supuesto, que los clásicos y las artes sean el único antídoto contra la desertificación del espíritu. Pero está convencido de que los saberes inútiles y desinteresados pueden "servir magníficamente para contrarrestar nuestros defectos particulares" pues ellos nos impiden "caer completamente en nuestras inclinaciones".

(Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil; Tocqueville: Las "bellezas fáciles" y los peligros de las democracias comerciales).



Comentarios